
Bueh como nunca antes dejé un post sobre el título de este blog… ahí les va este poema del año 2007. Cuando la arrogancia de la milanesa molestó a sus modestos compañeros, el puré de papas y la ensalada, se desató una batalla campal…
Dicen que la milanesa
era un tanto presumida:
de cualquier menú de chicos
se sabía preferida.
En vianda o en heladera
no duraba mucho tiempo,
era presa favorita
de comensales hambrientos.
Lastimaba su amor propio
salir siempre acompañada.
—¡Sin nosotras no sos nadie!
—le gritaba la ensalada.
—Soy el plato principal
—contestaba petulante—.
La guarnición sólo tiene
destino de acompañante.
—Además me siento reina
por la elección popular.
Ustedes no son tan ricos,
yo, en cambio, soy un manjar.
Papas fritas y puré,
cansados de ese maltrato,
un buen día se enojaron
y la empujaron del plato.
Mayonesa y salsa golf
se unieron en el castigo.
—Es un complot en mi contra,
son todos mis enemigos.
La milanesa enseguida
consiguió un par de aliados.
Jamás la dejaron sola
el huevo y el pan rallado.
Los postres participaron
en el pleito hasta el final:
los cañoncitos de dulce
disparaban a la sal.
Con fideos municiones
no se resolvió el problema,
“Su Majestad” iba armada
con bombas de papa y crema.
Y se armó tal descontrol
en la riña de ingredientes
que el chef debió recurrir
a espadas de escarbadientes.
Recién terminó la lucha
(cual invasiones inglesas)
cuando se usó aceite hirviendo
para freír milanesas.
Texto: Gabriela Vidal